Perdón hijo, el machismo irreverente me cegó, y no pude verte. A tientas gritaba tu nombre. Ahora comprendo, no puedo seguir empañando el cristal de tus veinte años, no más. No supe valorar la transparencia de tu confesión, no quise aceptarla; comprendo la elección de tu camino, no soy tu dueño, tu brújula no es la mía.
El hecho de haberte traído a esta vida no me da derecho a querer cambiarla, todos somos semilla cultivada en nuestra tierra y lo que brota es sagrado, debe vivir libremente. Es por eso hijo, adelante ilumina tus pasos con la sonrisa de la alegría. Te amo, "no te vayas sin darme un abrazo".
Papá

Comentarios
Publicar un comentario