Al regreso, el paso tan esperado, otra vez la querida Plaza Salguero. Había llovido y había charquitos por todos lados... pisábamos todos con las botas de goma y volvíamos a las hamacas. ¡Qué paisaje! Nosotros y nuestras capitas azules con capucha. Éramos tan chicos y libres respirando la nobleza de un compañerismo en la infancia. Hoy recorro la plaza tan moderna cercada por una reja verde, majestuosos juegos y hamacas pintorescas, pequeños espacios para hacer deporte; un hermoso centro de entretenimiento.
El verde presente y algunas flores completan este lugar. Risas, gritos, algarabía. De pronto todo se diluye, solo hay un sonido, el de las hamacas viejas. Me veo, te veo. ¿Dónde pusimos lo cuadernos? Hay sol, ¿nos sacamos las capitas? Pero vos me miras sin contestarme, - Jorge soy yo -, pero entonces comprendo que no me estás viendo. Claro, me olvidaba, alguien me avisó que habías partido, sin embargo sé que me has oído.

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