Estos silencios me acosan... “¿Y si le ha pasado algo?”. Te creo inmune a todo, hasta de amar. No importa, yo me conformo con el brillo de tus ojos y un cigarrillo en la boca que te pinta de bohemio empedernido. Tu cabello y sus matices plateados iluminan un rostro perfecto; el pecho dentro de un hueco agobiado de penas no vertidas.
Te imagino sentado a la mesa poblada de escritos, ceniceros humeantes y el ardor de una tarde que se acaba. Afuera esta tormenta de ventanas agitadas y truenos intensos, como la radio a todo volumen que pretende apagar el incendio de tu alma.
Es imposible algo debe consumirse en la hoguera de tu tristeza. Te espero nuevo, quizás cansado de luchar contra ti mismo, algo me dice que esta vez es diferente, hay un rumor de voces que me gritan “ahí viene sacudiendo las cenizas”.

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