La Selva Misionera - RELATO BREVE


“Ruinas de Santa Ana” 

El bosque bosteza el atardecer, está por dormirse el día, quise ser testigo de esta instancia.

Los seres de la noche intercambian sus roles, el trópico apacigua sus ardores y los viejos amigos de la oscuridad me saludan aunque los recibo con mucho temores.

Lo cierto es que "Santa Ana" es un remoto cementerio de jesuitas olvidados.

Las depresiones de esta tierra seca y roja, cuando llueve, abren sus venas sangrando
un castigo recurrente; el Hombre está dando su primer hachazo.

Tengo frío, llora la naturaleza, percibo su gemido. Estoy empapado de lágrimas benditas. De pronto tropiezo con algo muy duro, creo que es una raíz petrificada.. No, me agacho y veo de cerca que es un hueso largo amarillento.

Busco una rama gruesa, hago un pequeño pozo, lo sepulto, le rezo un “Padre Nuestro” y sigo mi marcha.

Esto se repite varias veces. Tiemblo de frío y llanto, rezo y rezo; no es posible que el tiempo implacable no pueda dominar a la naturaleza.

Estoy muy violento, profiero frases tremendas. No hay justicia en “este palacio de la muerte” ni dignidad que beatifique.

Más adelante, en un claro de la selva, siluetas furtivas y difusas susurran ¡¡¡Gracias!!!

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