Mi Cuerpo y Yo - RELATO BREVE


Aquella caída fue tremenda y crucial en mi vida, no fue un accidente grave pero sí un golpe tonto y casero, los peores.

A punto de salir, atropellada como siempre, corrí a buscar el reloj, me lo olvidaba y tropecé con la alfombrilla de mi cuarto, caí de costado al piso de cerámica que no amortiguó en nada el golpe. El resultado: fractura de brazo derecho, el húmero precisamente, y algo protuberante en la zona de la cadera, se llama “trocanter”, en fin, mucho dolor, bronca conmigo misma. Mi atropello, la causa de algunos de mis problemas, como si la prisa sirviera para algo bueno.

Hay apuros justificados, como no quedarse lento y estancado en la vida. Ésto que me sucedió, me atrasó en mi diario vivir. ¡Cuarenta y cinco días de yeso y el trocanter muy doloroso! Un desgarro muscular complicado.

Como deseaba estar en la pileta al abrazo del agua templada, nadando estilo pecho relajante, apenas acariciando el agua, me preguntaba si podría volver hacerlo, entonces aproveché, leí, leí, recé, pedí… Deseaba retomar mi ritmo habitual. En esa vigilia de reposo valoré otras cosas. Se detuvo la vorágine en la que vivía, y llegó el día de la liberación del yeso, el alivio y el trocanter y yo eramos amigos.

Comencé la rehabilitación, tenía miedo, estaba insegura “¿Podré volver a nadar?” repetía continuamente… Me dieron el alta y no pude regresar al club. Mis amigas me animaban pero una voz interna me decía “todavía no”...

Un día de los tantos que estériles pasaban y pasaban decidí ir al club. Me senté al borde de la pile, mojé mis pies y un impulso me empujó dentro. ¡Ay, qué tibieza! El agua me acunó y nadé, nadé. Sí. Y me reencontré con mi cuerpo ávido de placer y salud.

¡Adiós trocanter, te voy a cuidar húmero! Menos atropello y más salud.

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