Cuando se encienden las luces aparecen las palideces y los temblores; el tan ensayado “pánico escénico". El apuntador escondido facilita la tarea y calma los nervios. Pero tengan en cuenta, que no todo es seguir el orden de los diálogos, sino, es conectarse con el fuego interno de la expresión, un actor desganado pero memorioso no sirve.
Todo suma: pasión, memoria e improvisación , a veces, es decir libremente sin ajustarse al texto. ¡Qué libertad! Somos parte de estas letras y un poco dueños también. Aquí no hay mala pasada, todos somos la cosa actuada, la historia y el telón.

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