Malentendido - MICRORRELATO


Francisco está en Retiro, desganado, casi destruido por cierto, pero igual decide viajar obedeciendo a una decisión íntima irrevocable.

Mira el indicador electrónico y estima que se adelantó al horario, entonces se arrebuja en una silla para descansar. "Mar del Tuyú...", piensa en su casa cerrada, tan grande y blanca, lóbrega y húmeda como es la costa en invierno. "No quiero recordar, la tristeza me invadirá por completo y perderé mi identidad".

Francisco no se despidió de su esposa, ella estaba ocupada con un temita legal, no era momento, pero podían haberse dicho unas palabras. Entonces él escapa, lo que ocurre no es de su incumbencia, molesto y sorprendido decide marcharse.

- "Un hijo Alejandra, ¿cómo lo ocultaste? Decirme que no es verdad, no teníamos secretos. ¿Y esto qué significa? Y para colmo complicado. El marido de Alejandra muere en un accidente y que yo sepa no dejó nada, no tenía nada. Entonces, ¿qué reclama ese tipo, ése que es tu hijo?

Francisco ve llegar al micro, lee "Mar de Ajó". Lo toma y abandona los pensamientos y se deja caer en la butaca, ovillándose en el abandono del agotamiento. Alguien se acerca. "Señor, no paramos en Mar del Tuyú , deberá bajarse en Costa del Este". A Francisco no le importa, gime un 'gracias' y sigue durmiendo.

Francisco duerme la culpa de un mal entendido o de una verdad escondida, y se sumerge en un tiempo irreal, renunciando a una vida que creía suya. Ahora todo se ha esfumado, hay una mujer que tal vez espera ser oída, con la genuflexión en los labios.

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