Hermosas señoritas, otras, nenas candorosas de boquitas pintadas. Yo me preguntaba ¿tan chiquitas se pintaban? El bebote malcriado también no debería ser así. ¡En fin!
Mi ropita vestía algunas de las nenas y al bebé; mamá las tenía guardadas en una caja forrada de rosa, tal vez esperando este momento. Tenía un perfume riquísimo y suave, ella decía que era como volver a tenerme pequeña otra vez.
Mis muñecas... Había una vestida de española, daba pasitos, se llamaba "Linda Miranda", ¡Era bellísima! Otra con moñitos sosteniendo el pelito castaño; esa era la delicada "Marilú". Sus bracitos articulados y su boquita dulce. ¡Le faltaba hablar!
Todas muy quietas, ¡Pero si las oigo reír! ¡Basta chicas, ya todo terminó! Pero la española me aturde con las castañuelas. Me duele la espalda y no puedo más.
Estoy incómoda en el suelo mirando debajo de mi camita verde con manta roja. Estoy buscando el dado del ludo; se perdió en el parquet. No lo veo.
"Linda Miranda" me dice 'Acá está'. Lo tomo con fuerza y enojo. 'Pero si ella no me lo quitó'.
Tengo miedo. Es de noche y mamá no encendió mi velita; la llamo y no viene. De pronto veo a "Marilú" encendiendo la velita con sus manitos brillantes de deditos finos y me pregunto azorada ¿ella puede y yo no?
Con mi osito marrón de ojitos amarillos muy encendidos me duermo contándole un cuento.
Por la ventana, en ese cielo de tantos inviernos se deslizan las lunas marcando la ruta indeleble de la vida pujante que nace cada día.
¡Qué cómodo este somier! El acolchado es rojo y suave. Amanece en mi habitación; acaricio el acolchado buscando el osito. 'Estará con las chicas, riéndose también'.
De pronto la escalera se agita haciendo sonar las campanas de madera de los escalones. Son mis nietos; llegaron de la costa y me vienen a saludar. Mis mejillas se humedecen, no quiero que me vean llorar.
Mis muñecas... Había una vestida de española, daba pasitos, se llamaba "Linda Miranda", ¡Era bellísima! Otra con moñitos sosteniendo el pelito castaño; esa era la delicada "Marilú". Sus bracitos articulados y su boquita dulce. ¡Le faltaba hablar!
Todas muy quietas, ¡Pero si las oigo reír! ¡Basta chicas, ya todo terminó! Pero la española me aturde con las castañuelas. Me duele la espalda y no puedo más.
Estoy incómoda en el suelo mirando debajo de mi camita verde con manta roja. Estoy buscando el dado del ludo; se perdió en el parquet. No lo veo.
"Linda Miranda" me dice 'Acá está'. Lo tomo con fuerza y enojo. 'Pero si ella no me lo quitó'.
Tengo miedo. Es de noche y mamá no encendió mi velita; la llamo y no viene. De pronto veo a "Marilú" encendiendo la velita con sus manitos brillantes de deditos finos y me pregunto azorada ¿ella puede y yo no?
Con mi osito marrón de ojitos amarillos muy encendidos me duermo contándole un cuento.
Por la ventana, en ese cielo de tantos inviernos se deslizan las lunas marcando la ruta indeleble de la vida pujante que nace cada día.
¡Qué cómodo este somier! El acolchado es rojo y suave. Amanece en mi habitación; acaricio el acolchado buscando el osito. 'Estará con las chicas, riéndose también'.
De pronto la escalera se agita haciendo sonar las campanas de madera de los escalones. Son mis nietos; llegaron de la costa y me vienen a saludar. Mis mejillas se humedecen, no quiero que me vean llorar.

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