El Balde de Arena - OTROS RELATOS


Hace 15 años una anciana de 80 años muere aplastada por los escombros al derrumbarse la planta superior recién construida sobre su antigua casa.

Monólogo hija (21)

Estoy mirando el terreno vacío tan plano como una cancha de fútbol o una playa de estacionamiento. Estoy pensando como una mercantilista de la desgracia.
Mi baldecito en mano, amarillo y verde, la palita de metal pintada de rojo, la hundí en la arena y así varias veces hasta completar la mitad. Me fui contenta a mojar esa cantidad y hacer moldecitos.
Yo no conocía el mar, pero me contaban y por eso decidí hacer lo mismo.
No puedo imaginar que tan poco haya influido en este derrumbe. ¡Qué culpa por Dios! Bueno, nadie pudo pensar en esto. Pobre señora chiquita con su rodete, se decía que poderosa era su situación económica. Eso explica la ampliación que pretendía de su edificación, tal vez vender e invertir ¡Qué sé yo! Pero su fin no se lo permitió.


Monólogo madre (55)

Esta señora chiquita pero poderosa, una vieja “hucha”. Bueno cada cual hace de su vida lo que quiere y ella lo hacía. Sola y encorvada caminaba por el barrio, era extraño, casi no saludaba como si tuviera un costo. Yo creo que la introversión que tenía era por alguna pérdida afectiva y cerró las puertas de su corazón. ¡Pero allá ella, morir así!
El balde de mi nena no pudo ser el determinante del derrumbe, es muy poco, a lo mejor desequilibró la fórmula en alguna medida. Yo quise que la nena tuviera un poco de arena ya que no le pude dar el mar. No fue mi intención, ¿Qué sabe un ama de casa de arquitectura? Perdón.


Diálogo entre madre hija (55 y 21)

- Hola Ma, madrugaste. ¿Para qué? Descansá, ya terminó tu ajetreo.
- No. no puedo. estoy acostumbrada, tu padre ya no está y me parece que tengo que hacerlo como él. Lo veo cuidando las plantas. ¡Cómo les hablaba! Este es un reencuentro con él.
- Bueno, si te hace bien
- Viste lo que pasó con el edificio de la otra cuadra, no se dijo más nada ni tampoco se construyó más nada ahí.
- Mami no tuvimos culpa en eso verdad, a veces me atormento. Si no te hubiera pedido ese poquito de arena hoy veríamos el edificio, ella por su puesto ya hubiera muerto pero en forma natural.
- ¡Ay nena! ¡Qué pensamiento infantil! Ojalá no hubiera ocurrido la desgracia. Nosotras no tenemos nada que ver. ¡Ni a tu padre se lo conté! En su momento tuve miedo pero ahora comprendo que son cosas que a veces tienen que pasar. 


Narrador testigo (85)

Esa tarde de verano, muy calurosa por cierto, vi a la madre y a la nena frente al bolsón de arena. La madre medía hasta dónde podía cargar el baldecito, luego se retiraron las dos. La carita de la nena contenta con su arena. Pasaron algunas horas, el crepúsculo trajo un poco de alivio, el silencio se hizo presente; entonces fui hasta el bolsón con mi pala de jardín y un balde de albañil; lo llené y desaparecí en la oscuridad adónde siempre estuve.
Y desde ahí vi construir el edificio de ocho pisos, y luego de un tiempo derrumbarse sobre la casa de mi hermana. ¡Vieja maldita me robó la dignidad! Hoy paseo por la oscuridad, a donde pertenezco.

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