Un ébano brilloso impecable hecho mujer.
Navegas, señora de lo inmutable, a pleno sol en aguas mansas.
Se nota la pasividad de tu postura, sentada en el borde
de un rudimentario y pequeño barco.
Estás casi desnuda, como tu cabeza, tiene sombras de un cabello ausente.
Eres una dama, alta, los aros enormes enmarcan tu rostro desafiante,
¿En qué piensas muchacha? ¿Para quién posas?
De seguro alguien te está pintando.
El paisaje te sostiene; eres parte de él mismo.
Hermosa morena, tu raza guerrera se perfila en las piernas.
Te imagino corriendo en los pastos secos de los campos salvajes,
buscando beber del oasis imaginario.
Entonces ahora descansas.
Has encontrado el agua, la caricia del aire, el beso y la calma.
Ya no eres sombra; tu elegancia tiene dueño de pincel y te perpetua
en la memoria de la naturaleza.
Arde tu piel; la brisa alivia y sigues estoica, nada te perturba.
Imagino tu voz, grave pero muy suave, un susurro.
La fiereza cubre tu dulzura, eres mujer y quieres lucirte…
Bueno, ya lo has conseguido.
Cuando el vestido opaque tus brillos la pintura estará terminada.
Aplaudo el final de este cuadro.
Cuéntame, ¿quién es tu dueño?

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