El caballero la ciñe por la cintura, el atardecer parece comerlo todo, devora las horas y los suspiros.
La dama, pequeña y frágil, lo abraza con ternura, y una noche va creciendo en el bosque silencioso, y el amor, susurrando en los labios.
Por eso, en estas páginas, “las estrellas caen en el verso” y el recuerdo se hace visión, lo estoy viviendo. “La vez que llegues a mi tierra hermano”, ven en mi busca y si ya no estoy, pide por mis cuadernos, ellos te contarán lo que sucedió aquel atardecer.
“Estoy danzando alrededor del día en un césped de júbilo sonante”, mi dama ya no tiene cuerpo, y yo tampoco; somos dos almas sin rostro.
Ella me dijo suavemente... “y no soy tuya, soy la fantasía del tobillo más leve y más flotante”, jamás podrás alcanzarme, volaré envuelta en fantasía.
La crueldad de mi abandono es solo un retorno a lo que yo era, nube y espuma, rosa blanca de tallo fino. Quise beber el amor, ser tangible, pero alguien nos estaba mirando.
De pronto el soplo sagrado disolvió las nubes , aquí voy, flotando en alegría y tristeza.

Comentarios
Publicar un comentario