Tatuña - POESIA


Dicen que la noche es dueña de los imposibles. 
¿Tendrá respuesta aquella aparición nocturna,
hace tanto tiempo, en tu cuarto de recién casada?
Tu misterio aún me desvela, sin tu voz ni tu mirada.
Esa silueta oscura que, como una sombra, atravesó la nada.
Se instaló por un instante trasnochada a los pies de tu cama.
Te cubriste los ojos aterrada, tal vez no quisiste 
leer el mensaje porque sabías lo que anunciaba.
Clotilde, quedaste sola un día, como en aquella madrugada.

Escucho las perlas de tus palabras caer sobre mi alma,
una tras otra, como gotas espesas de mieles perdidas.
Tu hombre eligió un camino y se marchó al amanecer.
Le ocultaste la cara, no pudiste despedirlo.
Y el dolor secó tus lágrimas, estalló tu pecho
ante la trágica decisión de su partida.
A él se lo llevó la muerte, y a ti te colmó la vida.

Te quedaron los hijos y esta historia no contabas,
la guardaste para mi, abuela querida ,
la creí y desde ese día, fui tu cómplice y amiga.
Aquel mensajero de la noche, hijo del enigma,
clavó en tu corazón una espina, certeza del destino.
Un amanecer de los tantos compartidos,
encendiste la luz y me ofreciste tu mano gastada.
te di la mía y sentí como partías.
Fue una mañana oscura, lloré sobre tu pecho inerte,
y alguien entre sombras se iba.

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