Arrancamos rápidamente de la puerta de Zelarrayán, mi nostálgica Bahia Blanca. Un hermoso barrio de bahía, patios grandes, como si fueran tableros de ajedrez, macetas rojas, helechos enredados y ese aroma a escones recién horneados.
Mamá adelante con Enrique al volante de su enorme y cómodo Chrysler. 'Vamos al campo' - dijo María Inés -. Ella, la colorada, la reina de las pecas, Beatriz y yo éramos unas salvajes indígenas de Capital Federal. Llegamos ansiosas. Mis compinches conocían la estancia, yo no, pero mejor, todo era una preciosa aventura. Desde comer un riquísimo “tatú mulita” engañadas mamá y yo, la eterna inapetente, creímos que era pollo, ja ja. Trabajo diario para nosotras las niñas. Juntar huevos, curar los ojos de los corderos metidas en el corral hechas una nube de polvo y vida.
- '¡Enrique, qué horror! ¿Qué estás haciendo con las chicas?'
- 'Les enseño, Tilde, especialmente a la tuya'.
- '¡Calienten agua y vamos con los fuentones!' - ¡La cara de mamá!
- '¡Tranquila mujer! Acá la salud pinta mejillas transparentes'.
La noche aturde de grillos inquietos. Hacemos fueguitos detrás de los árboles en complicidad con Pedro, el cocinero, quien prometió llevarnos a la “Cueva del Indio”.
A hurtadillas nos fuimos, poniendo a Pedro en una gran responsabilidad. Eran las siete de una mañana diáfana de verano. El olor a bosta fresca y los graves mugidos lejanos me ahogaron de estupor. La colorada me asustaba, Beatriz se reía, ¡Claro, estaban acostumbradas!
Pedro gordo y bigotudo anunció el arribo a la cueva, por cierto muy estrecha. Me di cuenta que la panza del cocinero no pasaba por la abertura. De pronto me encontré sola, ni la colorada ni Beatriz estaban. Se burlaron, comencé a llorar, y en la oscuridad unos ojos marrones fijos me estaban mirando. Un hombre bajo y tosco me estaba observando.
Las crápulas gritaban - '¡Es él, no le digas nada, solo te va a mirar!'
Fui reculando pelando mis rodillas, pero no seguí llorando, no me iban a humillar. No les hablé más.
- 'Vamos Pedro'
- '¿Y?, ¿Lo vió niña? Es feo pero es un hombre bueno'.
- '¿Y por qué no me avisó?'

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