El trovador del Perú, canta en sus décimas sagradas
El ardor de su sangre hecha versos, lágrima y fiereza apadrinadas
por ese don de la palabra justa y cruda;
es el corazón que habla.
Tierno a veces, acaricia al niño muerto
y llora la pena ajena sintiéndola propia.
La cultura de los viajes lo hacen sabio
y entonces encadena las vivencias como
formando collares preciosos de relatos recitados
con la rusticidad de las palabras verdaderas.
Su poesía es una letanía de humor a veces
y otras, descripción de pieles y de ojos
de manos gastadas por el yugo cruel y despiadado.
La pobreza es reina en sus décimas
y la pinta como sagrado antecedente,
brega por una dignidad ausente,
reflotando las frentes de sus hermanos negros.
Su prédica es constante y el consuelo de sus decires
alimenta la fe del que todavía es esclavo.
Un poeta gaucho, para nosotros un poeta
con Dios en el pecho, cualidades de payador
¡Cómo no lo vamos a entender y valorar!
Si por dentro siento la rima que empuja mi mano
Y en esta prosa digo: 'Nicomedes no se ha ido,
está más presente que nunca, apreciemos su sentido',
Al Perú le ha nacido un hijo escritor,
que entona su poesía con el alma en la voz.

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