Luz y Sombra - RELATO BREVE


Se conocieron aquel domingo de verano en el club; Perla tenía una preocupación, adeudaba Griego en su carrera de letras. ¡Se le hacía tan pesada esta lengua! No así el Latín, que le abrió un campo de descubrimiento, el origen de las palabras.

Pero la voz de la mitología no le agradaba, tal vez el docente no amenizaba la materia. En fin, en marzo tenía una cita con ella. ¡Qué lindo estaba el sol, era una caricia! Y Perla se dejaba seducir, Febo la estaba bronceando en aquella tarde distinta.

Andrés la observa con insistencia, cierra el libro abandonando su mitológica lectura; recorre su figura y se detiene en los ojos que completan la espléndida belleza salvaje.

Así es Perla, agreste, misteriosa y de una mirada azul fascinante. Su rostro trigueño y enigmático en donde hay que descubrir lo que no está a la vista, sumergirse en el alma para llegar a fondo y esta conquista apasiona a los hombres... y Andrés no fue la excepción.

El flechazo los unió en esa diáfana tarde de estío, y la empatía fue tan fuerte que creyeron morir de ternura y deseo. Andrés y Perla festejaron el brillante exámen; ella había logrado hacer una tregua con su profesor y el Griego, claro; el maestro apareció cuando ella lo necesitaba, dicen que éste siempre surge cuando el discípulo llama.

Andrés la amaba profundamente y Perla le correspondía. Cupido había hecho un perfecto hechizo; la flecha atravesó sus corazones, una carcajada de niño se oyó a lo lejos en un batir de alas.

'En esta noche cálida quiero contemplar mi obra; esto es una despedida. Estoy tan contento y, en esta luz y sombra, una tela gruesa cobija el contorno de dos cuerpos que se aman. ¡Brillan sus pieles ante el fragor de la pasión! He triunfado, me voy con mi cara de niño travieso, agitando alas; pronto mi arco , otros corazones aún me esperan'.

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