Aun me inquieta saber quién es el dueño de la infinitud. Aun me pregunto quién es el principio. Si me oye Dios, va a enojarse y no estás aquí para defenderme. Yo preguntaba ¿qué había antes de la nada? Buscando lo concreto en lo imposible, lo metafísico en un marco tan etéreo como filosófico. Sé que mis preguntas te ponían en un lugar de incertidumbre del cual surgía una respuesta momentánea.
Me decías que dejara de pensar en estas cosas porque iba a desesperarme al no poder develar ese misterio; claro, no querías hablarme de la muerte. Ahí estaba el límite, vos ya lo sabés, y esa hubiera sido la única certeza pero estabas conmigo todavía en el inexorable plano de la vida.
Me dirías hoy lo mismo que ayer, en un espectro mayor acorde a mis vivencias, sin poder resolver el enigma. Sé que desde aquellas luces tratas de iluminar mis sombras. Estoy en paz, tengo arduo trabajo por hacer; ya no quiero cuestionarme si el principio o la nada. Dios no está enojado y cuando le abro la puerta, me habla; le doy gracias por haber permitido que fueses mi padre.

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