La Vida Después de la Vida - RELATO BREVE


"... Canderella, la Tienda de las Luces, donde viven algunas almas..."

Hace mucho tiempo que paso por esta puerta estrecha y central; a sus lados en las amplias vidrieras se observan gran variedad de luces color naranja y lámparas diversas: de pie, colgantes y de techo. Todas ellas encendidas con pantallas en “crudo” apenas translúcidas propagan un color naranja que se fusiona con las paredes de igual tonalidad. El hierro forjado está presente en todas sin excepción y, un piso rústico de ladrillo pintado, sostiene a este luminoso paisaje.

“La tienda de las luces” está ubicada en pleno Belgrano, avenida Cabildo y Olazábal. Acostumbro a caminar por esta cuadra populosa y me detengo en “Canderella” (así se llama, yo le cambié el nombre por la "Tienda de las Luces").

Hoy otra vez estoy pasando por allí, pero esta vez voy a entrar; no resisto la tentación, algo me convoca y me propulsa. Traspongo la puerta, veo algunas personas y comienzo a ignorarlas. ¡Es tan fuerte lo que siento! Inspiro y el olor a sebo derretido me ahoga, se me irritan los ojos por el ardor que me provocan los pabilos inflamados. No comprendo qué sucede, la electricidad ya no existe, todo ha cambiado.

Estoy en un estadio diferente en una franja de otra realidad; sigo caminando por el salón, el aire es escaso y no puedo respirar. Con un instinto desesperado voy apagando algunos candiles para ver si consigo disminuir mi asfixia. Cansada de tanto soplido oigo una voz suave y lejana. Es evidente que alguien me llama; reconozco esa voz…

- 'Clarisa…Clarisa… ¿Cómo estás mi amor? Soy mami. ¡Qué divina que estás! Te dejé cuando eras una nena ¡y ahora te descubro hecha una mujer!'

Me paralizo, no puedo ajustar esta vivencia en mi entendimiento. Busco en la oscuridad y encuentro a mi madre. Me acerco y la veo tal cual estaba el día en que murió; preservada del paso de los años, con su suave cabello castaño brillante que tantas veces tuve entre mis dedos. Ella se acerca y la estrecho en mis brazos.

- “Hola mamá”.
- 'Al apagar el candil me trajiste a la vida. Elegí este lugar y te esperé; sabía que vendrías. Soplaste y acá estamos, tan juntas como antes'. Debo decirte algo. La tarde de mi partida discutimos con papá
por tonteras. Como siempre en mi arrebato, tropecé y caí, rodé por las escaleras pero él no me empujó. Es la verdad que te debía. Tené en cuenta que aquí no se pueden decir mentiras. Te amo y te dejo libre para que ahora vivas'.

Advierto que, al soplar tan intensamente, apagué otras velas y están llegando hasta mí otras almas que me sonríen perfumando el aire con el aroma de sus purezas. Tal vez como mamá, tengan una deuda pendiente, no lo sé, una confesión quizás. Ojalá haya sido yo el nexo para que puedan lograrlo.

Otra vez la luz fuerte. Se enfría el aire. Estoy conectada con la realidad con la que vine a la tienda. Agotada por el viaje vuelvo a la vida, regreso de la otra, la que no tiene medida ni tiempo. ¿Se quedará mi madre en “La tienda de las Luces”, y con ella las otras almas?

En el negocio nadie notó mi perturbada presencia. ¡Todo fue tan fugaz e inesperado! La vida después de la vida, tan incierta como infinita. Corrí hasta la casa de mi padre y lo cubrí de besos. Quedó tan azorado que casi se cae de la silla de ruedas y nos reímos como locos. En “Canderella” la "Tienda de las luces" no todas las lámparas están a la venta.

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