“Hubo un tiempo de mar, de arena de espumas infinitas, horas de sal horas eternas"
Me arrastró la ráfaga pero no pudo derribarme;
Al tronco y sus nudos pude asirme,
me cobijó su sombra y en el corazón de la savia,
a borbotones surgieron las palabras.
¿Quién desató la tormenta?
La muerte de los milagros
el eterno devaneo de nuestros corazones,
el ardor de nuestra pasión, aquellos encuentros
que creíamos eternos, algo quebró el cristal
estabas lejano y perdido, pero todavía a mi lado.
Pero el aire hoy es todo mío, no te respiro
Me alcanza el día, no estas conmigo
He perdido el presente, pero no la sombra ni el camino
Las evocaciones son flores muertas, ya no las miro.
Mi corazón convalece,
el alma lo cuida,
y el mar, ha calmado su locura.

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