La Misma Persona - CUENTO


Una mujer añosa camina por Agüero en dirección a Libertador. Luce un rodete plateado que enmarca un rostro agradable, casi bronceado, ojos azules todavía muy vivaces a pesar de la avanzada edad.

Su paso es firme y ligero, algo la impulsa, desea llegar a un encuentro quizás; de pronto observo una correa sobre su hombro, es un atril plegado y en su mano derecha lleva un bastidor. Es pintora, ¡Qué emoción tengo!

La sigo, cruzamos casi juntas, subimos a la vereda, su pollera larga y de muchos colores mezclados flamea en la brisa agitada en esta mañana de setiembre. El preludio de la primavera la ha convocado, y ella responde al llamado.

Ya no sé qué vine hacer a Plaza Francia, me miro el jogging y recuerdo, pero ya no me interesa el aerobic y me acerco a la pintora. ¿No será que la importuno? Está en su mundo; es delgada pero potente y segura. Ya se ha instalado, de rabillo veo sus carbonillas, está por comenzar, entonces, soy advertida:

- 'Buen día. ¡Qué linda mañana, ¿no?!'

Y avergonzada contesté:
- 'Sí, señora, ideal para usted que puede plasmar estos momentos de la naturaleza.'
- 'Todos podemos cantarle a la vida de alguna manera. ¿A vos qué te gusta hacer?'
- 'Escribir poemas, relatos cortos, cualquier cosa me provoca'.
- '¿Te inspiro algo yo?'
- 'Mucho, señora'.

No puedo seguir se me anudan las palabras.

- '¿Señora Rita es usted?'
- Sí, la misma persona, pero con 84 años.
- 'Colegio La Anunciata, recuerdo esos ojos sorprendidos. No te gustaba dibujar, pero había que hacerlo, ¿verdad?'
- 'Tantos años. Recuerdo el año 1962, siempre le quedó muy bien el rodete'.
- 'Sí, claro, ahora está diferente y mi cara un poco ajada, ¿cierto Clarisa?
- '¡Qué divina, no se olvidó mi nombre!'
- '¡Como para no tenerlo presente! Eras inquieta y demandante, no querías dibujar el centro del aula.

- 'Mirá muchacha, en esos tiempos la vida no me daba respiro y a hurtadillas de mi familia, subía a mi estudio y dibujaba algo, cualquier cosa. Una noche me quedé dormida sobre mis carbonillas, la claridad del día me despertó implacable, pero un retrato me guiñaba un ojo; creí alucinar, claro, era el agotamiento. No se lo conté a nadie, sos la única que lo sabe.

- 'Señora Rita, la veo correr por los patios y llegar al aula y siento aún el miedo de aquellas mañanas, "hoy tampoco traje los materiales"'.

- 'No te sorprendas niña, yo tampoco tengo “la libreta esa verde y delatora”. Clarisa, cómo quisiera atrapar ese pasado lleno de gritos y carcajadas, de aguas derramadas y colores esparcidos. Vengo aquí a pintar recuerdos todos los días aunque llueva, no me asusta la tormenta, la pinto de cuerpo entero y la protejo del olvido'.

'Pero señora, ¿no ha sido feliz entonces?'

Y me doy cuenta de lo irrespetuoso de mi pregunta.

- 'Me robaron el pasado, no me preguntes quién fue, por eso mis manos no están vacías, evocan de a pedacitos lo que fue mi vida, pero viniste hacia mí querida y despertaste las vivencias que tenía dormidas. Hagamos algo lindo, mañana te espero en este mismo lugar, y haremos un intercambio, yo te daré algo para que conserves y espero que me escribas un poema'.

Volví a casa y comencé el poema, pinté cada verso con tanto cariño que no tuve que corregir absolutamente nada, mi corazón lo había hecho todo.

El poema se llamó “La misma persona”, se lo entregué. Lo tomó con sus manos suaves y ella me dio un paquete grande y cuadrado, me dijo que no lo abriera hasta llegar a mi casa, ella iba a hacer lo mismo con el poema.

Hoy estoy mirando el retrato de una niña inquieta y sorprendida; me parece mentira, me descubro después de tanto tiempo, pero soy la misma persona.

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