Como era de mesa, tenía patas con rueditas. Le busqué un lugar y no la moví más. Desde entonces fue mi ayudante; la consultaba a diario y ella me respondía con la certeza de una memoria mecánica. Pasaron los años de mi vida, contando mis avatares, dándoles categoría de deshechos pesarosos. Fui vendiendo mi mercantil tristeza.
Ayer te quedaste muda, no quisiste responderme; revisé tu mecanismo, estaba todo perfecto, grité entonces - '¿Por qué no me respondes?' - una y otra vez hasta que cansada de escucharme proferiste en altísima voz: - '¡Estoy harta del pasado! ¡Quiero hablar de este presente que está reventando mis metales! ¡Basta de ayer, hoy es lo que cuenta! -

Comentarios
Publicar un comentario