La Máquina del Tiempo - MICRORRELATO


Alguien me la regaló pero no me acuerdo su nombre. Fue una tarde gris, de esas tantas que nos rodean y que a veces no sabemos elegir, porque todas duelen, entonces cualquiera sirve para construir el pequeño templo en el que vivimos. Nos instalamos en él y vamos colocando un mobiliario necesario. Sólo un escritorio, una silla vieja. Y un día comenzamos a escribir. Hoy evoco ese sábado de otoño cuando recibí mi “máquina del tiempo”. La desenvolví y arrojé los cartones al fuego del hogar.

Como era de mesa, tenía patas con rueditas. Le busqué un lugar y no la moví más. Desde entonces fue mi ayudante; la consultaba a diario y ella me respondía con la certeza de una memoria mecánica. Pasaron los años de mi vida, contando mis avatares, dándoles categoría de deshechos pesarosos. Fui vendiendo mi mercantil tristeza.

Ayer te quedaste muda, no quisiste responderme; revisé tu mecanismo, estaba todo perfecto, grité entonces - '¿Por qué no me respondes?' - una y otra vez hasta que cansada de escucharme proferiste en altísima voz: - '¡Estoy harta del pasado! ¡Quiero hablar de este presente que está reventando mis metales! ¡Basta de ayer, hoy es lo que cuenta! -

Comentarios