En este mundo de líneas trazadas,
distancias eternas
y equidistantes caminos,
estoy convocada.
Tomo un atajo y llego a una meta.
El campo extendido besa una línea
rosada, celeste, dorada
y en este abanico de colores
se encienden luces en los planos
y todo converge en un punto.
Se abre la puerta del horizonte;
bajo esta perspectiva pintada
por una naturaleza desafiante
acaricio mi mesa de tardes literarias y viajo
sin límite alguno, sin partida ni regreso.
Toco la enredadera que
sofocante y empecinada invade
trepando por el limonero que la ignora
reventando en limones infinitos.
Esta danza creativa es recurrente.
Todo crece y se renueva. Se recrean
las formas, se modifican los matices
y este universo jamás detiene su marcha
entonces comprendo que debo seguir.
Presiono el metálico gatillo de mi lapicera;
el tiempo comanda mi mano
y articulo pensamiento y palabra,
descubro que no hay fronteras
en lo universal del silencio.
distancias eternas
y equidistantes caminos,
estoy convocada.
Tomo un atajo y llego a una meta.
El campo extendido besa una línea
rosada, celeste, dorada
y en este abanico de colores
se encienden luces en los planos
y todo converge en un punto.
Se abre la puerta del horizonte;
bajo esta perspectiva pintada
por una naturaleza desafiante
acaricio mi mesa de tardes literarias y viajo
sin límite alguno, sin partida ni regreso.
Toco la enredadera que
sofocante y empecinada invade
trepando por el limonero que la ignora
reventando en limones infinitos.
Esta danza creativa es recurrente.
Todo crece y se renueva. Se recrean
las formas, se modifican los matices
y este universo jamás detiene su marcha
entonces comprendo que debo seguir.
Presiono el metálico gatillo de mi lapicera;
el tiempo comanda mi mano
y articulo pensamiento y palabra,
descubro que no hay fronteras
en lo universal del silencio.

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