Lo tenías todo, amor, fecundidad y armonías,
absolutas bendiciones.
¡Oh, mujer! Te burló una quimera incierta.
Fuiste tras ella, sin saber a qué puerto.
Zarpó el barco, casi no lo alcanzas,
pero un suspiro y lo abordaste.
Luego el mar te llevó demasiado lejos, hoy lo sabes,
la dimensión de esa distancia te robó el alma.
Tan brutal fue el arrebato que no te diste cuenta.
Caminas a tientas con las manos vacías y sin sombra.
Nada se proyecta en las paredes de la calle iluminada
tu silueta ya no tiene ánima, eres una ausencia errante.
¡Oh, mujer! Tu vientre yermo,
es el testigo de un tiempo donde todo era posible.
Junta tus manos y vierte lágrimas en ellas,
quizá te alivies, no las dejes escapar entre los dedos.
Es agua consagrada que lava nuestra vida,
y a veces se escurre, vaciando la fuente.

Comentarios
Publicar un comentario