Menudita y vacilante en esta esquina de Almagro, bajo un sombrerito negro como el resto del uniforme. ¡Por Dios, qué ocurrencia encerrarme en esos cuartos, tan bonitos, pero majestuosamente grises!
Mi primer encuentro con la escuela primaria. Colegio María Auxiliadora elegido por mi grupo familiar; fue papá el que sacó la foto ese domingo volviendo de misa.
Te veo chiquita con la sonrisa cautiva de la inocencia, esas terribles medias negras y la casaca sofocante, ¡Todo tan patético como el color negro para una niña de seis años!; ellos decían que era para mi bien.
Hoy te miro y me miro niña, con los ojos de la vida transcurrida y te salvo una vez mas, pues no acepté el deber ser, solo viví un tiempo de niñez y luego, como pude, di vuelta al destino bajo la mirada de mis padres.
Me escucharon, me entendieron. Basta de negruras; sólo vivos colores, aire y sol para cobijar mis pensamientos. Por eso chiquita te rescato en esta instancia. Te abrazo, te saco el sombrerito y desabrocho tu chaqueta.

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