Soy una bala disparada con la fuerza de la luz.
Veo colores multicolores y oigo un murmullo de voces que se alejan.
Soy yo, el que en mi raudo avance, las voy dejando atrás.
Soy todo flecha. No veo por ahora un blanco para este disparo.
¿Qué ha pasado? ¿Qué mano justiciera cree que yo he pecado?
Me estoy desintegrando como esos cohetes propulsados al espacio que al final llegan a destino o se convierten en bolas de fuego salpicando la materia que abajo descansa recibiendo llamas de piedra incandescente.
Esta será la eternidad y yo el viajante que no merece detenerse, será este el castigo.
Pero no me angustio, este viaje me hace eterno.
Soy una partícula que vaga montada en una recta ascendente.
Ya estuve aquí, esta es una ruta conocida.
De pronto un colapso me detiene y la inercia casi me arroja a la vera de un camino y descubro precipicios a ambos lados de mi sendero.
¿Quién me sostuvo en brazos?
¿Qué son esos ruidos silábicos?
Estoy exhalando algo así como un soplo. Me duele y grito en silencio.
Mojo mis mejillas. ¿Por qué sé tantas cosas? Tengo miedo de haber perdido algo.
Por lo menos ya no estoy viajando inútilmente sin llegar al final del camino.
Ya no soy bala, ni residuo cósmico. Pero, ¿por qué sé tantas cosas?
El túnel ya no existe. Los murmullos se hacen arrullos y me entrego débilmente.
Alguien dijo muerte...
algo me dice que he nacido.

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