El Perro Plateado - RELATO BREVE


Lo contemplo una y otra vez iluminado por la luna, quizás con la actitud de un perro pensador.
Siempre me pregunto si los perros piensan; ellos conviven compartiendo nuestra vida. ¿Será que el instinto prevalece sobre sus pensamientos?

Creo que unos ojos melancólicos hablan al mirar; dicen más que nuestros parloteos, a veces sin sentido. Ellos no reniegan, sus catarsis son silencios. Colas agitadas, bigotes movedizos, orejas erguidas. Ya sabes a quien me refiero: “a mi perro”.

Metálico total, el espejo de su cuerpo refleja todo lo que se mueve en esta habitación.
- '¿Abuelo, dónde lo compraste?'
- 'Pobrecito, está tan quieto, pero me parece que nos cuida; no habla pero cuenta, atento centinela, plateado de luna'.

¡Cuántas noches en el escritorio del abuelo, sobre este mueble majestuoso de cedro, patas torneadas y un borde de festón bordado en madera!

El tabaco en un cofrecito de porcelana, sagrado, intocable.
Aun me parece ver a mi abuelo fumando su pipa. Me fascinaban esos círculos de niebla fugaz y blanquecina con aroma a chocolate que me dedicaba.

Mi abuelo Jorge con su bigote gris y finito; me encantaba como sostenía la pipa entre los dientes sin dañar la boquilla.
- '¿Abuelo, no le molesta al plateado este humo?'

Ya no está mi abuelo. Todas las semanas lustro al perro pensador, cada día está más plateado; nadie fuma en este cuarto, el cofre del tabaco está vacío.

En cuanto a las pipas, las reuní a todas cerca del hogar; en los inviernos se entibian con el fuego encendido. No quiero que muera este lugar, el plateado está contento, oigo sus ladridos de ilusión.

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