(Río Los Reartes, cerca de la Villa General Belgrano)
Cuando la vi a la orilla de las arenas blancas del manso río Los Reartes, me deslumbró. El río con sus aguas transparentes pero rápidas y frías, apenas profundo, permite descansar acostado en su lecho. La mañana estaba ardiente. Busqué un lugar para tomar algo fresco y almorzar; el paseo me había dado apetito.
Vi un cartel rústico pero muy pintoresco que decía “La Tasca”. Era una hermosa casona llena de colores entre un conjunto de enredaderas y la galería, con piso de ladrillo desparejo. De los muros blanquecinos se articulaban unos rudimentarios asientos y sobre ellos destacaban almohadones rojos con lunares blancos bien mullidos.
Entré en la casona. Sillones enormes de cuero marrón claro, por cierto añosos; alfombras gastadas pero firmes y majestuosas; una barra a modo de mostrador y sobre ella unas lámparas de pantallas amarillentas con su pie de velerito. Cada cosa que veía me daba una sensación del presente de un pasado.
- 'Buen día señor. ¿Cómo está?'
- 'Enamorado de este paisaje. Quisiera un jugo de pomelo bien frío y… ¿Qué me ofrece para comer?
- ¡Bueno, lo que usted pida. Aquí es todo fresco y artesanal. Yo soy la que cocina y le recomiendo mis platos'.
- 'Bien. ¿Puede ser una hamburguesa completa? '
- 'Sí, en 15 minutos se la alcanzo'.
- '¿Me ubico en aquella mesita?'
- 'Mire, durante el día atendemos afuera, en el jardín, excepto cuando hay mal tiempo; además es muy lindo comer frente al río, o si prefiere, en la galería. Aquí tiene su jugo bien helado'.
- 'Gracias, estaré en la galería entonces'.
Todo es distinto e interesante en este paraje. Esta casa es extraña, pero al mismo tiempo atrayente; acá hay algo más, no sé qué. Soy muy perceptivo.
Comienzo a degustar la hamburguesa deliciosa, ¡tan frescas las verduras!; en verdad, engullí con avidez. Luego decido bajar los tres escalones de lajas y tropiezo con un gran perchero colmado de vestidos y blusas de colores tan fuertes y naturales como las verduras de mi comida.
- 'Buen día señor'.
- '¡Oh, perdón! La verdad no vi las perchas, ¡qué bonitos!'
- 'Los diseño y los pinto yo mismo, es decir, yo estampo las telas y después los vendo en temporada. Son playeros especiales para el verano. ¿Le gusta este lugar? '
- '¡Me encanta!'
- 'Si desea puede quedarse, tenemos unas cabañas pequeñas detrás de “La Tasca”. Cualquier cosa hable con mi mamá, yo soy Tomás. Hasta luego'.
Mis pies 'pensaron' y me llevaron hasta mi auto. Observo el río y sus piedras enormes. Le dije, 'mañana nos vemos'. Mis manos levantaron el bolso y cerraron las puertas del auto.
Marina, la señora que cocina, es la dueña de todo esto. Vive con sus dos hijos, Tomás y Pablo, éste último, pescador y mozo también ¡en fin, un equipo completo!
¡Qué maravilla esta casita! ¡Qué simpática, tremendamente rústica! Ladrillos a la vista barnizados; la única lámpara descansa sobre una pequeña mesita de pino y tiene la pantalla amarilla, apergaminada; el pie es el contorno en hierro forjado de un velerito, al igual que en las de “La Tasca”. Una alfombrita de yute descansa al costado de la cama, y ese olor a hierbas, a viento suave de río, lo inunda todo. Me digo, 'este es mi lugar para comenzar a buscarme'.
Separo las cortinas para mirar afuera; un perro grande y blanco tipo pastor está echado en el porche; parece vigilar, me siento protegido. Igualmente, espero que mañana no esté, quién sabe su reacción; me gustan los perros, pero nunca pude tener uno en casa, mis padres no quisieron. A lo mejor, por eso les tengo un poco de temor. ¡Qué ironía, igual me encantan! A veces, lo que más gusta, más miedo da. En fin, mañana me voy temprano a la Villa. ¡En verdad es hermosa!
Tomé cerveza tirada y degusté helado con sabor a cerveza, pero no me gustó. La cerveza es una bebida y el helado algo dulce placentero. ¡Y bueno, soy muy clásico en todo! Compré regalitos para mamá y mis hermanos; papá ya no está y novia ya no tengo; fue muy dolorosa la separación, pero reconozco que nada es para siempre. Es por eso que quiero diluirme en otras realidades, respirar otro aire. Y elegí Córdoba para comenzar la gira de mi destino, él me condujo hasta aquí, donde me sumerjo en una especie de misterio.
Llegó por fin la noche, mi gran amiga, la dueña de los silencios con sus suspiros, casi estertores del día que no acaba de morir. Vuelvo a descorrer las cortinas de este cuarto al cual solo le falta hablar, y me encuentro con el perro blanco. Lo miro, me mira fijo y me ofrece su enorme pata blanca; abro la puerta, le hablo y está inmutable. Baja su pata y me da temor, entonces cierro la puerta. Tiemblo. ¿Qué me pasa? Abro la puerta nuevamente y estiro mi mano sudada. Le acaricio la cabeza; está muy frío. Levanta su helada pata, se la tomo y comprendo que me saluda. Lo invito a pasar pero queda inmóvil y se acurruca en el felpudo del porche. Así, noche tras noche.
Cuando el día me despierta con sus gallos y ladridos, me asomo a la ventana y compruebo que el perro helado ya se ha ido. Hoy mismo hablaré con Tomás de esto que me está intrigando. La verdad, me tiene algo inquieto.
- '¿Martín se llamaba usted, no? Mire, es largo de contar. Ésta es una confesión; le pido discreción. Mi padre murió ahogado en el mar en uno de los tantos viajes que hacía. El perro blanco que usted ve todas las noches era de él. Hace catorce años de su muerte y su perro jamás lo abandonó; estaba con papá el día del naufragio, pero nunca muere, no es real. Nadie alquila las otras cabañas, están vacías. Solo preparamos ésta para usted'.
Quedo sorprendido y más helado que el perro. En ese instante, Pablo se acerca y me saluda cordialmente.
- '¿Qué tal? Un placer Martín. Le va a gustar todo esto, nosotros lo vamos a atender de primera'.
- 'Gracias, un gusto'.
- '¿Vió?, las noches son espectaculares, largas y luminosas. ¡A que no se sintió solo, ¿verdad?! No va a querer regresar a su vida habitual. Este lugar es mágico, todos los días viene la misma gente. No son extraños, ¿lo percibió?'
- 'Si, lo noté. Es muy hermoso aquí'.
- 'Bueno, me alegro. Tomás lo acompañará cuando desee conocer nuestro pequeño mundo, de seguro no va a volver a la populosa Villa, demasiado ruido, demasiadas presencias, no lo dejarán pensar para escribir.
- '¿Y cómo sabes que soy escritor? '
- ¡Ah! Nosotros vamos a donde nos lleve el viento, por eso lo sabemos casi todo, pero no somos dueños de las voluntades; buscamos almas sensibles para vivir en familia.
¿Quiere ir a pescar? Hoy es un día especial. No hay personas pululando y el perro blanco 'duerme' en el living de “La Tasca”, por eso de día no entra nadie'.
¡Me desespero, me muero! Grito y nadie me escucha, mi grito es sordo. Entro en “La Tasca” y Marina me recibe.
- '¡Mire, debajo del cuadro duerme el perro blanco! - le digo.
- 'Martín, vaya de pesca con Pablo, él le va a conseguir un amigo'.
Esta paz que estoy disfrutando es falsa. Estoy atrapado en una nebulosa de figuras extrañas, de aduladores artificiales, de sonrisas constantes. Pablo, el pescador de almas, fue mi desengaño, fue la carnada; la presa... la ingenuidad de mi alma. Debo resistir y recuperar la voluntad, necesito mis fuerzas, pero es difícil. Todo lo saben, todo lo intuyen; son personas 'armadas', su herramienta es la seducción. El poder de sus palabras va enredando la trama de una convivencia con la fantasía.
¿Acaso deliro? ¿Cuál es la verdad de esta vivencia? Me siento impotente, estoy tan helado como ese perro.
¡Ahí está la clave! Lo pienso y no puedo creerlo. Vine a buscarme y me encontré con una pegajosa pesadilla, como si estuviese en un fango cenagoso del cual no puedo emerger.
Una voz a lo lejos, como surgiendo de un túnel iluminado, es la antesala de la muerte. ¿Estoy muerto? ¿Cómo pasé la delgada película de la otra trascendencia?
¡Ay! Oigo pasos en esta noche negra; el centinela me protege con su vigilancia de una huida fatal. El perro de la familia, estoico, descansa su muerte con los ojos abiertos.
Llaman a mi puerta... ¡Qué raro!
- '¿Si, quién es?' - pregunté.
- 'Soy Paolo'.
Supe de inmediato de quién se trataba. Comencé a sudar frío y apenas me pude incorporar, contesté:
- 'Si, ¿qué desea?'
- 'Conversar con usted'.
No supe qué hacer. Me asomé a la ventana y el perro no estaba, entonces abrí adquiriendo una fuerza brutal.
- 'Adelante Capitán'.
Estiré mi mano para saludarlo, me la apretó y la heló. Supe que no había vida en ese cuerpo, estaba hablando con la muerte. El hombre, con la voz aún más grave que antes, dijo:
- 'Mire Martín, vivimos todavía juntos, mi familia y yo; ellos también están muertos, pero sus corazones me aman. Tengo sus almas dentro mío, por eso envío todas las noches a mi perro, para que ellos sigan viviendo a pesar de su muerte'.
- 'Usted es un extraño en nuestro mundo, pero nos hace falta una quinta persona, buena, honrada para que nos impida envilecernos. Estamos al margen de la vida pero la sangre aun corre en ellos. Pablo pesca almas, así lo pescó a usted. Nuestro amor, nuestro hogar, se deshacía. No pude soportarlo y volví por ellos.
- '“La Tasca” no existe. Marina no cocina y Tomás nunca vende ningún vestido, pero es un ser extraordinario, noble y sensible como usted apreció'.
- 'No podemos dejarlo ir. Perdone, a lo mejor le suena egoísta y desde ya, es así. No pudimos resignarnos a perder nuestro hogar, a cualquier precio decidimos erguirnos. ¡Y surgió el valor de nuestras voluntades y lo hicimos! En mí no hay sangre, pero mi imagen, de vez en cuando, baja del cuadro de la sala como ahora y en mi lugar queda mi perro “Huracán”'.
No pude preguntar nada, me quedé atónito. Pasado un momento me sobrepuse y le dije:
- '¡Qué interesante su personalidad don Paolo!'
- 'No me diga ´don´. He muerto joven, y así me siento y me veo, ¿Qué le parece? Pude diluirme en esa ola asesina y me transformé en ella, y aquí estoy, helado y sin vida, pero sobreviviendo al dolor. Jamás hablo con ellos, solo lo hice una vez cuando tuvieron su propia muerte, aquí en “La Tasca”. Un rayo gigante cayó sobre ellos e incendió la casa; entonces grité el nombre de cada uno, les hablé por última vez y así, saben que estaré siempre'.
- '“Huracán” vive con ellos, no ladra, solo extiende su pata y duerme con los ojos abiertos vigilando eternamente'.
Luego, el marino continuó:
- Supimos de su abandono. El amor lo defraudó, Martín. Sabemos que la amaba, pero no fue suficiente. Sus corazones se enfriaron y la pasión huyó de sus vidas dejándolos en un 'naufragio mortal'. '¡Qué alegoría! Una pérdida, un amor frustrado, ¡otra vez la muerte! Ella tiene que ver en la búsqueda de usted mismo, como mencionó antes. Por eso lo pescó Pablo, y mi mujer lo trató como un huésped que podría ser su hijo. Tomás será su compañero, confíe en él, no fallará. Ayúdelo a ordenar los vestidos, porque los días ventosos se enredan y los colores se alteran, así las telas acaban por anudarse. Él será la brújula para su camino. No olvide que la voluntad puede revertir su viaje cambiando el rumbo. Preste atención. Un acto que realice sin fe, será un salto fuera de la cubierta y el mar estará turbulento. Aprenda que siempre habrá tribulación; tendrá que ser un buen marino para ordenarle a las olas que despejen su ruta y mantener la voluntad a flote.
- 'Muchacho, los que navegamos y somos capitanes, en todas las tormentas debemos luchar con el mar impío y si no podemos ganarle, salvamos a nuestros amores primero. Si tiene que sucumbir, pues sabe que el capitán nunca abandona el barco'.
¡Ay, qué dolor de cabeza! ¿Será de tanto manejar? Estoy en la banquina, ¡menos mal! En fin, en dos horas estaré en Villa General Belgrano, pero antes, me hablaron de una casona llamada “La Tasca”. ¡Qué raro! Me siento tan cansado, pero mi voluntad es muy grande. La voy a llamar a Charo, total el 'no' ya lo tengo.

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