El Pelo de Malena - RELATO BREVE



Este domingo de sol me recuerda a una decisión sagrada que tomé hace unos años. Tiembla mi mano acariciándome la melena tan mía como la respiración.

Aún escucho el parloteo de Andrés, los gritos de Esteban, el entusiasmo de Patricio, Flor con tijera en mano…
- 'No, esperen. Primero me lo corto yo'.

Tomé la tijera y corté un tramo de mi trenza castaño azabache. Se cerraba un capítulo de mi vida.
¡Ay, cuánto me costó esta determinación! Lo hice impulsivamente, de otro modo no hubiera podido hacerlo.
Centímetros de mis vivencias... ¡Qué sé yo! Quizás ansias de protección. Me daba fuerza, luego dejé lugar a mis hijos que, uno a uno, cortaron un poco más.
Fue una ceremonia en la que comencé a cambiar.

- 'Maaaaaaa, ¿qué vas hacer ahora?' dijo Flor.
- 'Dale mami, cortate un poquito más'.
- 'Bueno, pero un poquito'.
- 'Maaaaaaaaa ¿por qué tan largo?
- 'Estaba muy pesado Florencia. Me dolía la frente, me tiraba mi amor.

Pero lo quería demasiado, me acompañó siempre.
Florencia sabrá más tarde cómo explicarles a sus nenes, como la abuela Malena llevaba esa trenza de un pelo brillante y pesado, majestuoso marco de su personalidad.
Esta es la historia de Malena, una mujer muy interesante y luchadora. Lucía una trenza que se deslizaba por su hombro derecho, ojos castaño oscuro, bajo unas espesas cejas que le daban una expresión de una romántica, energía. Sus aros dorados en círculos concéntricos completaban su belleza caribeña.
Pero llegó el día, el final, el cambio. Los niños estaban creciendo y mamá también.

El giro de la vida nos lleva en su noria y Malena se sintió segura y firme, por eso alivianó su carga; entregó sus gastados momentos para acunar otros recién nacidos.

- 'Mamá, ¿recordás ese día en que todos juntos terminamos con tu larga cabellera?'
- 'Si amor' - le contesté a Esteban con un nudito en la garganta y unas gotitas saladas mojaron los vidrios de mis lentes -.
¡Qué emoción! Veo lo importante que fue para mis hijos el "pelo de mamá".

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