Traje negro como su suerte, chambergo ocultando la frente que ya no podía erguir, pañuelo blanco como el alma de un pasado que hoy de sangre se iba a teñir.
- 'Buenas noches morocho' - le dijo una mina bien empilchada con irónica sonrisa y las manos con rastros de sangre -. Acababa de destrozarle el corazón. Por su puesto no contestó, el ahogo de un llanto contenido se lo impidió.
Y así fue como un compadrito lloró por una mujer.
¿Casi siempre era al revés cierto?
- 'Señora yo fui testigo. El cuchillo oculto en su cintura jamás lo usó, pero era necesario una apariencia, un derecho de piso que muy caro tuvo que pagar'.
- 'Señores, es verdad, yo lo vi. El hombre vestido de malevo supo llorar de amor'.

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