El Compadrito - MICRORRELATO


Noche cerrada y casi oscura. En la puerta del boliche, una silueta se perfiló como un ánima cansada; se recostó en el pie del faro, un morocho de provincia arrepentido de haber elegido un arrabal de Buenos Aires para vivir.

Traje negro como su suerte, chambergo ocultando la frente que ya no podía erguir, pañuelo blanco como el alma de un pasado que hoy de sangre se iba a teñir.

- 'Buenas noches morocho' - le dijo una mina bien empilchada con irónica sonrisa y las manos con rastros de sangre -. Acababa de destrozarle el corazón. Por su puesto no contestó, el ahogo de un llanto contenido se lo impidió.

Y así fue como un compadrito lloró por una mujer.
¿Casi siempre era al revés cierto?

- 'Señora yo fui testigo. El cuchillo oculto en su cintura jamás lo usó, pero era necesario una apariencia, un derecho de piso que muy caro tuvo que pagar'.

- 'Señores, es verdad, yo lo vi. El hombre vestido de malevo supo llorar de amor'.

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