Dignidad - OTROS RELATOS


Cada surco de este suelo, tan seco como tu corazón,
fue bañado con mis lágrimas sorprendido por los ecos de mis sollozos.

Semilla y dolor, sudor y palabras fatuas, me engañabas con amores ajenos; e
l nuestro agonizaba día tras día, ya no era ni siquiera una costumbre.

El maltrato le daba un sentido a nuestras vidas,
la gestación del odio avanzaba hasta convertirse en una parición prematura.

Comencé a ignorarte. Es así que la soledad me abrazaba
cada noche como si fuera una mujer cariñosa.

Recordé entonces aquella pasión descontrolada con que me amabas,
me perdí en tus brazos tentáculos y artimañas.

Creí que el amor había llegado a mi puerta, y no era más que suspiros de lujuria;
no te arrodillaste en los campos a mi lado para sembrar los frutos.

Tu siembra fue cizaña y la codicia de lo poco que te daba.
Claro, tenías un señor que te servía.

Cuando vi tus alas confié en esos ojos pardos.
Más tarde comprendí que no eran alas sino garras afiladas,
¡Sí mujer, acabaste con mi vida! Decidí morirme poco a poco.

Hoy resucito de esta catacumba en la que habito para invitarte al brindis;
es la copa de sangre, la mejor bebida.

Coronemos nuestra existencia con el vino diabólico de tu muerte;
aún muerto, me has convertido en asesino.

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