El vientre de la tempestad
no sacia su apetito,sus fauces pretenden devorarnos
Ignoremos las perversas invitaciones
porque solo son los rugidos del pecado.
Rumor de hojas batidas al viento
Los sauces lloran respirando sal todo el tiempo
Los troncos mutilados yacen en la arena
Y la madera inmolada se ofrece en servicio.
La playa, señora anfitriona como siempre
justifica la traidora espuma que disfraza
el implacable beso de la tormenta.
No cansemos al mar con demasiadas preguntas,
basta con una sola… la que merece respuesta
Sería provocar a este caballero, temperamental y bravío.
No pidamos más de lo que entrega
En verano bronce, en invierno sustento.
No permitas que te lleve, te devolverá muerto, vacío y sin alma.

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